miércoles, 22 de febrero de 2012

REGLAS QUE HICIERON GRANDES LAS TELENOVELAS OCHENTERAS

Para una buena telenovela ochentera había que tener unos ingredientes básicos importantísimos que actualmente siguen utilizándose:


• Era vital que la “buena” viviera en la inopia. Generalmente tenía una choza a punto de caerse como hogar, un perro mugriento con el que hablaba inutilmente y dormía en tres tablas montadas en cuatro ladrillos. Pero eso sí, por más miserable que se viera y aunque le tiñeran ligeramente el rostro con carboncillo, el pelo siempre estaba impecable.
• El “galán” era un mono crespo de ojo negro y con camisa desabotonada para mostrar el vello prominente. Este tipo habitualmente tenía apellidos compuestos y rebuscados como Villaseñor, San Llorente, Dosamantes, San Román.
• Dentro de la producción de la novela mexicana, incluso más importante que la ropa de los protagonistas, era la imagen de la Virgen de Guadalupe, sin ella era completamente impensable realizar una novela mexicana, sobretodo cuando el libretista había metido en tantos embrollos y desgracias a los protagonistas que la única salida medianamente digna era "un milagro".
• La protagonista debía sufrir terriblemente todo tipo de males y desgracias físicas y emocionales. Las físicas se limitaban a dos: Ser paralítica o ciega, por aquello de la lástima que podían generar en el público la cieguita o la inválida. (No me imagino la repulsión que hubieran generado una tuerta o una coja en el papel de buenas). Afortunadamente, gracias a las oraciones hechas por la protagonista a la Virgen de Guadalupe, esta termina recuperándose milagrosamente sin explicación científica. Por otro lado, la desdicha emocional a la que estaba expuesta la protagonista podía ser cualquiera, desde no conocer a sus padres(muertos en un terrible accidente de avión), hasta presenciar la muerte de su perro, accidentalmente atropellado por el millonario galán del que se enamorará en el acto o incluso ver como su abuela y/o nana moría en la miseria, por una horrorosa pulmonía que la hacía toser como sabueso.
• La mala era la prometida del galán y estaban a punto de casarse. Por supuesto tenía un nombre fuerte (ojalá un nombre de pila de pelandusca) por ejemplo: Brenda, Débora o Úrsula. Ya con el nombre usted sabía que era la bella bribona que iba a poner a sufrir a todo el mundo pero que al final de la novela iba a "recibir su merecido" lanzándose en el carro por un acantilado, loca de la ira.
• La mamá del galán debía ser una mala la hijuemadre! (Mala persona, mala madre, mala actriz, etc) Generalmente una señora que otrora hubiera sido atractiva pero con 10 cirugías encima que le impedían cualquier expresión facial diferente a una cara inexpresiva o de furia constante.
• Importante que la “cenicienta” de la novela entrara a trabajar en la casa del apuesto millonario. Aunque casi siempre se convertía en la criada, el uniforme tenía que ser corto y estar ceñido al cuerpo para mostrar los atributos que hacían enfermar de amor al hermano malvado del galán.
• En algún momento de la historia era importante que la buena de la novela visitara por un buen tiempo la cárcel. Eso sí, "por un crimen que no cometió", como robarse las joyas de la futura suegra o atentar contra la vida de la prometida del galán. Sus primeros días en la cárcel eran tormentosos e insoportables, pero su humildad y simpatía siempre terminaban enseñando a las delincuentes “El valor de la amistad” con lo que se convertían en sus aliadas incondicionales y le comenzaban a decir “manita”.
• Siempre había un viejo buena gente (de relleno) que habitualmente era el jardinero o chofer de la mansión (y papá del productor de la novela) y que era el único que creía en la inocencia de la “chamaca”. Sin embargo, tenía más autoridad una muñeca inflable que este personaje sumiso y manipulable.
• Infaltable que la villana simulara estar esperando un hijo del galanazo. Frecuentemente, en una noche de copas en la que el apuesto millonario "Gerardo Sanmiguel" le revelaba a su malvada prometida "Débora del Castillo" que le gustaba "Maricruz", la criada de la casa; la pícara terminaba emborrachándolo y llevándolo a la cama. Sin embargo, el miembro delicado del protagonista siempre estaba reservado para su verdadero amor y la malvada tenía que llenarse de almohadas la barriga para hacerle creer que esperaba un hijo suyo.
• Al final, además de las villanas muertas o locas, estaba la infaltable escena del matrimonio entre los protagonistas: Ella de blanco (por supuesto era virgen a los 30 años) y el galán con un impecable smoking; el perro (si no había muerto atropellado) por fin limpio y con vestido de pajecito; el viejo chofer, ahora millonario por ganarse una lotería, era el padrino de la pareja y la amiga de la cárcel estaba más feliz por haber cogido el ramo de novia que por haber salido en libertad.

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